Al abrir la puerta del hogar de Lewis Moody, se percibe una bienvenida cálida y enérgica. Ziggy, su labradoodle, salta con la misma vitalidad que solía caracterizar a su dueño.
“Te dicen que es el fin del mundo. Me siento decaído al pensar en las cosas que extrañaré con mis hijos; he grabado mi voz por si acaso”, confiesa Lewis Moody, compartiendo la cruda realidad de su diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Sin embargo, a pesar de la gravedad de la situación, Moody irradia un profundo sentimiento de gratitud y propósito.
En una conversación exclusiva con Sir Clive Woodward, Moody revela la fuerza que encuentra en el legado de otros luchadores contra la ELA. “Me siento afortunado, como si me hubieran entregado un testigo de Doddie Weir y Rob Burrow para luchar contra la ELA”, declara, subrayando la camaradería y la determinación compartida por aquellos que enfrentan esta enfermedad devastadora.
La entrevista, marcada por la apertura y la vulnerabilidad, revela las emociones encontradas de Moody. La melancolía por los momentos futuros que podría perderse con sus hijos contrasta con su firmeza y su compromiso de continuar la lucha iniciada por sus predecesores. Su voz, grabada como un acto de previsión, simboliza la necesidad de dejar una huella y mantener una conexión, incluso ante la adversidad.
Moody no solo enfrenta su propia batalla, sino que se convierte en un faro de esperanza y acción para la comunidad afectada por la ELA. La metáfora del “testigo” pasado por Weir y Burrow resalta la continuidad de un movimiento y la urgencia de seguir avanzando en la investigación y el apoyo para quienes viven con esta enfermedad.








